Problemas sexuales

PROBLEMAS SEXUALES

Mucha gente entiende el funcionamiento sexual como un proceso natural, al que no es necesario prestar atención para que se desarrolle de manera saludable y satisfactoria.

Sin embargo, muchos de los problemas relacionados con la sexualidad tienen que ver, en gran medida, con la ignorancia y el conocimiento erróneo y distorsionado y con no dedicar atención a cuidar la erótica.

La aparición de un problema sexual repercute muy negativamente, tanto en la persona que lo sufre como en su relación de pareja. El miedo y la vergüenza  a «ser un bicho raro», a «no ser normal», hace más difícil la búsqueda de soluciones, y muy frecuentemente, el problema se agravará.

A veces, bien por incomprensión o por desgaste ante la pasividad del otro, el malestar de la pareja se transmite mediante la crítica, el reproche y la culpabilización; la convivencia se caracteriza por el silencio y el distanciamiento, unido a discusiones por reprochar la postura del otro. Esto hace que el problema sexual se enquiste y no se esté dispuesto a resolverlo (o no se sabe realmente cómo actuar).

Es importante adoptar una actitud de comprensión ante el problema sexual, sin culpabilizar ni reprochar, buscando activamente soluciones; que en la mayoría de los casos no dependen solo de la voluntad de la pareja por mejorar la situación y se requiere realizar una terapia sexual para abordarlo, desde una actitud de aceptación y comprensión de la percepción de cada uno.

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  • Dificultades sexuales ¿cuándo considerarlas un problema?

Las dificultades sexuales tanto en el hombre como en la mujer tienen como consecuencia que las relaciones sexuales se vivan insatisfactoriamente. En el campo de la sexualidad es difícil precisar el criterio de normalidad ya que está muy influenciado por la cultura y ha experimentado numerosos cambios a través del tiempo.

Además hay una enorme variabilidad entre las personas, en lo que se refiere a frecuencia e intensidad de deseo sexual, niveles de excitación alcanzados tras un período de estimulación o vivencia del orgasmo. Por ello, para considerar una dificultad sexual como problema hay que atender a la vivencia de malestar, individual o de la pareja.

Si la actividad sexual es valorada satisfactoriamente por ambos miembros de la pareja, aunque implique comportamientos que podrían considerarse inusuales o «raros», o no se ajuste a lo que, según las encuestas, practica una determinada mayoría, no existe problema sexual alguno. Así, no existe problema sexual en una pareja que vive grata y placenteramente sus relaciones sexuales sin haber practicado nunca el coito, o que esté satisfecha manteniendo relaciones cada dos meses.

Se considera entonces una dificultad sexual (llamada a veces disfunción sexual) como un problema cuando genera preocupación, sufrimiento e insatisfacción, bien en uno de los miembros de la pareja o en los dos, o en una persona que no tenga pareja estable pero en sus encuentros se repita el problema sexual, planteándose una necesidad de cambio.

Tipos de dificultades sexuales o disfunciones sexuales

Las dificultades sexuales se pueden manifestar a través de las distinas fases del ciclo de respuesta sexual (deseo, excitación, meseta, orgasmo, resolución). Pueden afectar a una sola fase del ciclo de respuesta sexual (ejemplo excitación: disfunción eréctil) o que la vivencia problemática en las relaciones sexuales se plantee de una forma generalizada (ejemplo: disfunción eréctil que afecte al orgasmo con eyaculación retardada y a la fase de deseo, con un bajo deseo sexual).
 
-Entre las dificultades sexuales en el hombre se encuentran la disfunción eréctil (incapacidad para obtener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual), la eyaculación precoz (incapacidad o falta de control para posponer la eyaculación), la eyaculación retardada (retraso persistente o recurrente o ausencia de orgasmo tras una fase de excitación sexual normal, que puede afectar solo al coito o a cualquier forma de estimulación) .
 
-Entre las dificultades sexuales en la mujer nos encontramos con problemas como la aversión sexual (sentimientos intensos de rechazo, desagrado y ansiedad que generan situaciones relacionadas con la actividad sexual y que suele estar presente en personas que han vivido situaciones sexuales traumatizantes, como una violación o abuso sexual), difultades sexuales por dolor como el vaginismo (contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, ante un intento de penetración bien sea dedo, espéculo ginecológico, tampón, pene) y la dispareunia (dolor genital persistente asociado a la relación sexual), y la anorgasmia (dificultad o imposibilidad para alcanzar el orgasmo, que puede ser imposible solo en el coito o con distintas formas de estimulación).
 
-Una dificultad sexual que encontramos en ambos sexos es el bajo deseo sexual o deseo sexual hipoactivo (las relaciones sexuales con la pareja se viven con desgana y se pueden evitar contextos que faciliten una intimidad sexual y si se tienen relaciones es «por obligación» o «porque toca») .
Terapia sexual: ¿la necesito?
  • Terapia sexual. ¿Necesito ayuda?

Uno de los indicios de que una dificultad sexual constituye un problema sexual es el malestar.

Cuando el funcionamiento sexual de una pareja genera una situación problemática en uno de ellos o en los dos, o no se tiene una relación de pareja estable pero se repite la misma pauta en los encuentros sexuales y genera malestar, es importante afrontar la situación, de tal manera que se busquen soluciones que permitan disfrutar de unas relaciones sexuales armoniosas.

¿y qué encontramos los sexólogos habitualmente en consulta?: que se pospone el problema, se evita hablar del tema, se espera que «se resuelva solo» o «con el tiempo», nada más lejos de la realidad. 

A veces, uno de la pareja no quiere percibir el problema, y busca explicaciones y razonamientos para justificar lo que ocurre. Así puede suceder que si se tiene bajo deseo sexual se perciba la situación como «normal» y se responsabilice a la pareja por demandar «en exceso» relaciones sexuales.

El percibirse padeciendo un problema genera, en muchas personas, inseguridad y temor, lo que retrasa la búsqueda de soluciones.

Cuando ya se ha intentado poner en práctica soluciones y no se obtiene ningún resultado, es el momento para acudir al especialista adecuado para resolver los problemas sexuales, es decir, el sexólogo.

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